El timbre exacto que marca tu voz,
cuando decides ponerte sincera,
y no miras a los ojos por vergüenza,
y te acusas de cobarde entre sollozos.
Yo sin creer lo que callas,
pensando que todo es un sueño,
esperando que tu pie dormido me mueva,
y despierte acariciándote el pelo.
Pasa mucho tiempo y sigo tieso,
ahora, que tenía todo resuelto,
ahora, que nacía el reino de lo cierto,
me sueltas y caigo en muerto.
No se si culpar a la demora,
al azar o al destino,
a la fatalidad de los signos,
como sea, da lo mismo ahora.
Pues el tatuaje a mano de mi vida,
que hace reventar mi presente,
pretende subsanar la cordura,
para ser un gusano quieto.
y nunca cuestionar tu respuesta
mientras me hierve la sangre el cuerpo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario