Salvajes flores,
arremeten suicidas contra el concreto,
personalizando las ansias de vencer,
y el temor a renunciar.
Tras las grises fortalezas,
aguardan pétalos de sal,
Hendidos en la mejilla de la perturbada soledad,
vuelta cascada de delirio y pereza.
Mientras,
La sonrisa hecha estela,
se presenta caminante,
en cada paso que elijo,
con indiferencia y ojos saltones,
como el cantar de un ave,
desprolijando mi atenta mirada,
rebelde y cansina,
que nunca aprendió, de reprocidad ni hastío.
La desfiguración de los sentidos,
el encierro inquietante,
la libido que desborda razones,
y vetustos mensajes,
que silban a mi espada,
recordandome la ciclicidad del infortunio,
y la venganza del karma.
Tal como las noches,
la sinceración es inminente,
el resultado etéreo,
tu respuesta difusa,
sabiendo que nunca hubo previo acuerdo.
Y quejarse del frió,
del viento,
de las hirientes nereidas,
que hielan el cuerpo,
del silencio y el valor de los pañuelos,
para evitar encontrarme,
con tu mirada y mis problemas,
de frente al tiempo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario